Tras su paso por el Museo de Almería, la exposición ‘Reflejos. Picasso x Barceló’ patrocinada por Fundación Unicaja inicia ahora su viaje en Andalucía Occidental y desembarca en el Museo de Cádiz, donde podrá visitarse del 26 de marzo al 28 de junio de 2026. Este proyecto, que reúne más de un centenar de obras de Pablo Picasso, Miquel Barceló y piezas procedentes de las colecciones arqueológicas de ambos museos andaluces, proponen un encuentro inédito entre tradición e innovación y memoria y modernidad.
En el acto de presentación ha participado el director de Actividades Culturales de la Fundación Unicaja, José María Luna; la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo; el artista Miquel Barceló; el co-presidente de Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso (FABA), Bernard Ruiz-Picasso; el director artístico del Museo Picasso Málaga y co-comisario de la exposición, Miguel López-Remiro, y la directora del Museo de Cádiz y co-comisaria, Laura Esparragosa.
La iniciativa Reflejos. Picasso se inició en diciembre de 2024 en la ciudad de Granada, donde se presentó la obra de Picasso junto a la de Jeff Koons en el Museo de Granada. Ahora es el turno de Reflejos. Picasso x Barceló, un proyecto concebido y realizado en colaboración con Miquel Barceló, el Museo Picasso Málaga y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, con el patrocinio de la Fundación Unicaja y la colaboración de la Consejería de Cultura y Deporte.
La propuesta Reflejos. Picasso x Barceló ofrece ahora una oportunidad excepcional para descubrir -primero en Almería y ahora en Cádiz-, las conexiones entre la obra del artista mallorquín y el legado picassiano, así como con piezas del pasado conservadas en ambos museos. La peculiaridad de este proyecto expositivo es que pone en diálogo a Pablo Picasso y Miquel Barceló a través de uno de los medios artísticos más antiguos y universales: la cerámica. Sus obras se presentan junto a las colecciones arqueológicas de ambos museos, estableciendo un cruce transhistórico en el que prácticas de modelar el barro prehistóricas, antiguas, medievales y de nuestro tiempo, encuentran un espacio común.

El Arte del Fuego
Desde los albores de la humanidad, el barro y el fuego se unieron para dar forma a la cerámica, uno de los inventos más antiguos y trascendentes. Con las primeras vasijas, el ser humano encontró un modo de conservar agua, almacenar grano y cocinar alimentos: objetos humildes que transformaron la vida cotidiana y garantizaron la supervivencia de las comunidades.
Pronto, aquellas piezas funcionales se convirtieron también en portadoras de símbolos: se decoraron con motivos geométricos, animales o escenas de la vida, convirtiéndose en testigos de creencias, rituales y formas de imaginar el mundo. El barro, moldeado con las manos, pasó a ser soporte de memoria. El comercio extendió la cerámica a lo largo de rutas terrestres y marítimas, llevando jarras, ánforas y cuencos de un extremo al otro del Mediterráneo. Cada pieza viajaba cargada de aceites, vinos o especias, pero también de estilos, técnicas y saberes que se mezclaban en los puertos y mercados. Así, la cerámica se convirtió en el arte de transformar tierra, agua y fuego en objetos útiles y a la vez trascendentes, en diálogo constante con la vida de los pueblos.
Reflejos. Picasso x Barceló propone comprender la cerámica como un lenguaje universal que conecta lo útil y lo trascendente, lo cotidiano y lo simbólico. La exposición subraya la persistencia del barro como materia de memoria y experimentación, y sitúa a ambos artistas dentro de una genealogía mediterránea de creadores que, a lo largo de milenios, han transformado tierra, agua y fuego en arte perdurable.
Geografías del barro: Vallauris y Malí
Para Picasso, la cerámica se convirtió en un laboratorio esencial de ideas tras la Segunda Guerra Mundial. En Vallauris, descubrió en el barro un medio dúctil que le permitía unir pintura, escultura y objeto, transformando platos, jarras y vasijas en cuerpos humanos, seres mitológicos o escenas cotidianas, y enlazando con las tradiciones alfareras de Andalucía y el Mediterráneo.
Barceló, por su parte, llegó a la cerámica en los años noventa, durante su estancia en Malí. Allí aprendió técnicas ancestrales de la comunidad dogón y convirtió un accidente en revelación: la cerámica se convirtió en un territorio de exploración donde lo ritual, lo corporal y lo experimental confluyen. Sus piezas llevan inscritas las huellas del proceso físico, convirtiéndose en superficies vivas que conservan la energía del instante.
Esta exposición, patrocinada por Fundación Unicaja, está comisariada por Miguel López-Remiro, director artístico del Museo Picasso Málaga; Laura Esparragosa, directora del Museo de Cádiz, y Tania Fábrega, directora del Museo de Almería.

Un viaje del mediterráneo al atlántico
Ubicadas en los contextos arqueológicos de Cádiz y Almería, las obras de Picasso y Barceló dialogan con vasijas neolíticas, ánforas fenicias y romanas, lozas islámicas y fragmentos de milenios de historia. Surgen así resonancias temáticas que atraviesan el tiempo: la figura humana y animal como arquetipos, el fuego como fuerza transformadora, la fragilidad como resistencia y los procesos de fragmentación y recomposición como testimonio del tiempo. Y el mar, alma compartida de estas dos ciudades, que gracias al comercio ha sido cauce de memoria, mestizaje y creación artística entre varias civilizaciones.
La exposición inició su periplo en diciembre en el Museo de Almería, donde ha registrado una excelente respuesta de público. Fundado en 1933 y reabierto en 2006, se encuentra en un edificio contemporáneo, que reúne una de las colecciones cerámicas más significativas, con piezas que abarcan más de cinco mil años, desde el Neolítico hasta producciones actuales. Su propuesta expositiva, articulada en torno a la columna estratigráfica, permitió comprender la evolución cultural del sureste peninsular a través de materiales de yacimientos como Los Millares o El Argar.
Ahora, la muestra recala en el Museo de Cádiz, ubicado en la histórica Plaza de Mina desde 1935 y declarado Bien de Interés Cultural, un lugar clave para comprender la historia y el arte de la ciudad. Su colección se organiza en tres áreas: Arqueología, Bellas Artes y Etnografía. Destacan los sarcófagos fenicios, esculturas romanas, pinturas barrocas de Zurbarán y Murillo, así como la singular colección de títeres de la Tía Norica. El museo ofrece un recorrido diverso que refleja la identidad cultural de Cádiz desde la antigüedad hasta la actualidad.
Este tránsito de Andalucía Oriental a Andalucía Occidental, de la luz mediterránea a la cadencia atlántica, acentúa la lectura geográfica y simbólica del proyecto: dos mares, dos paisajes y dos tradiciones que se encuentran en la obra de Picasso y Barceló.
Durante el mes de abril, el Museo de Cádiz ofrece una programación especial en torno a la exposición “Reflejos. Picasso x Barceló”, diseñada para disfrutar del arte desde distintas miradas y para todo tipo de público. Así, el miércoles 15 de abril tendrá lugar el taller “Reflejos y resonancias: del museo a la creación personal”, dirigido a público adulto, en el que la arcilla se convierte en vehículo de expresión personal y creatividad. Una experiencia sensorial que invita a explorar formas, símbolos y emociones. La programación continuará con una visita especializada el sábado 18 de abril, centrada en la cerámica como patrimonio cultural vivo, y un taller para niños el domingo 19 de abril, en el que podrán experimentar con pintura y arcilla partiendo de las emociones de la obra artística. Finalmente, el domingo 26 de abril se desarrollará una propuesta de arqueodanza que combina movimiento, tradición y arte contemporáneo, ofreciendo una vivencia participativa en distintos espacios del museo.
Todas las actividades se celebran en el Museo de Cádiz. La información sobre reservas y la programación de mayo y junio se anunciará próximamente en la web y redes sociales del museo.






























































