Fundación Unicaja patrocina la exposición ‘He venido para ver el mar’, que muestra obras de creadores como Eugenio Chicano, Javier Calleja, Elena Laverón, Carla Hayes y Julio Anaya y rinde homenaje a la Generación del 27 ahora que se acerca su centenario. Arte y poesía dialogan en el Centro de Desarrollo Comunitario Isabel Manoja de Torremolinos a través de un proyecto que reúne a una veintena de artistas para proponer un recorrido que reflexiona sobre la fragilidad de la vida, la necesidad de los afectos y la comunidad y las tensiones del presente.
En el acto de inauguración de la exposición ha participado la responsable de Artes Plásticas de Fundación Unicaja, Emilia Garrido; la alcaldesa de Torremolinos, Margarita Cid; y los comisarios de la muestra Alberto Gómez y Regina Sotorrío. La exposición se instala en un espacio poco habitual para el arte contemporáneo: un antiguo mercado reconvertido en centro de atención social donde se gestionan ayudas y servicios para la ciudadanía. Ese contexto no es anecdótico, sino el punto de partida conceptual de la propuesta. En lugar de un museo o una galería, el arte aparece aquí integrado en un lugar atravesado por la vida cotidiana, las urgencias y los cuidados.
La muestra reúne obras de Eugenio Chicano, Elena Laverón, Javier Calleja, Julio Anaya, Carla Hayes, Francisco Peinado, José Luis Valverde, Teté Vargas-Machuca, Le Petit Kaiser, Juan Béjar, Aixa Portero, Jon Benet, Ana Barriga, Zoilo Blanca, Vanessa Morata, Andrea Reina, Alejandro Montiel, Ceci Pica y Darko. Sus piezas dialogan con versos de poetas del 27 como Luis Cernuda, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Emilio Prados, Gerardo Diego, Pedro Salinas y María Zambrano. El propio título de la exposición está inspirado en un poema de Cernuda y reivindica el histórico vínculo de Andalucía y Málaga con esta genial generación de autores.
La muestra articula dos grandes líneas. Por un lado, una reflexión íntima sobre el paso del tiempo, la muerte y la necesidad de la comunidad como sostén, en sintonía con el centro que alberga la exposición. Por otro, una mirada crítica sobre un presente marcado por el exceso, la lógica del consumo y la simulación. ‘He venido para ver el mar’ funciona como metáfora de esa búsqueda de horizonte en medio del ruido contemporáneo. El mar no aparece aquí como paisaje idílico, sino como memoria, deseo y punto de fuga: una invitación a detenerse y pensar qué permanece en un mundo saturado de estímulos. La exposición propone así un espacio de pausa dentro de un lugar dedicado precisamente a atender necesidades reales. En ese cruce entre arte, poesía y vida cotidiana, el proyecto plantea una pregunta abierta sobre identidad, pertenencia y comunidad.






























































